Marco Fernández: cabaret pop

Su nombre, Marco Fernández. Nombre propio y en español. Hay pocos que se atrevan a ser tan directos y no caer en glamurosos pseudónimos artísticos de origen anglosajón. A cambio, su título “Scarecrows on Parade” y su contenido es en inglés.

 

Primer trabajo en la calle a costa de lo que comienza a ser un clásico en la industria de la música: “yo me lo guiso, yo me lo como”. La grabación, edición y distribución fue un búscate la vida constante. “Sí, yo pagué todo, escribí todas las letras y compuse las canciones. Todo es muy artesanal, hemos confeccionado el disco con ayuda de amigos, las artes, la web… Luego pasé casi un año pensando cómo editar el disco, un dilema constante entre que fuera una discográfica o la autoedición. Esto sólo me llevó a que el disco estuviera un año cogiendo polvo en mi casa y yo me bloqueara como compositor. Al final opté por licenciarlo a Giradiscos“.

Describir su música como canalla y elegante nos deja cortos. Claras influencias de Tom Waits nos sumergen en una oscuridad muy placentera. Estás tranquilo pero sientes que alguien te está hurgando en tus tripas, es una sensación muy difícil de plasmar en un disco. “Describiría nuestra música como garage cabaret blues. El cabaret es muy atractivo para la gente, pero hay que saber hacerlo bien y no destriparlo como han hecho Vanexxa o Bunbury. Por otro lado, creo que me balanceo entre Nick Cave y Elvis Costello, y en un lado oscuro como los Gories. Música nocturna, ese tipo de música que escuchar cuando llegas borracho a tu habitación después de una juerga“.

¿Oscuridad? En realidad no parece tanto. Su voz ronca, con dejadez pendenciera, engancha y podría servir en una escena de Jarmusch. “Nuestro disco es la música de un tío encerrado en su habitación, dándole vueltas en círculo a sus canciones, un esquizofrénico… De todas maneras, en la grabación del disco tuve una crisis personal, ruptura con mi novia, dejé de hablar a mi mejor amigo y mi padre se encontraba en estado crítico en el hospital. Era horrible, cuando iba al estudio quería grabar las voces de nuevo porque estaba tan jodido que la voz me salía con más mala hostia y eso se palpa en el disco“. 

Cuando sufres malas temporadas siempre pasan cosas extraordinarias entre medias, y, con el tiempo, en perspectiva las valoras de otra manera. “Lo curioso del disco es que ha salido una cosa distinta a la que yo quería y, sinceramente, no tenía ni remota idea de qué resultado final obtendría. Me dejé llevar, pero me parece que he conseguido un trabajo equilibrado, dentro de las canciones deprimentes y crudas, pero con sutileza, que salen de mí“.

Las letras son de las que hacen emerger escamas en la piel. No hay política, no hay amor (curioso), pero se recrean constantemente en la condición humana, la debilidad y la miseria. “Me gusta sugerir, no ser directo ni obvio, me encanta hablar de la locura como metáfora. Frenzy Trata sobre un manicomio, Summerland sobre un libro de sátira del espiritismo, I Just Feel Like Crying sobre los tópicos de las canciones folk, Fever Train es una historia de violencia…“.

También da la vuelta al Psycho Killer de los electrizantes Talking Heads, en una versión elegante y con mucha fuerza. “A mí me gusta más que la original, y en directo me vuelvo loco tocándola. Bueno, y el público también“.

CAROLINA PASERO

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